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Sombras sobre el incesto

Fecha: 21/04/2008  Hora: 05:00  

- El abuso de menores no sólo sigue siendo tabú sino que carece del suficiente y profundo tratamiento y discusión, al igual que de respuestas institucionales adecuadas; La cuestión se proyecta a un variado universo social y dos casos que trascendieron públicamente lo corroboran: el de un abogado paranaense que abusó de cuatro niños de entre 8 y 13 años –causa que culminó con la aplicación de la probation– y el de un trabajador de Vialidad –quien cometió el hecho de modo reiterado con sus tres hijas, cuando eran niñas


La investigadora Nora Das Biaggio es la directora del equipo –integrado por Isela Firpo, Zulma Lenarduzzi, Silvina Garay, María Cristela Ramírez y Rubén Zabinski– que analizó esta forma de violencia en los casos paterno filial, a partir de los expedientes del Juzgado de Menores Nº 1 de Paraná, de los últimos 10 años, haciendo hincapié en las actitudes de la madre de la niña incestuada, su posterior posición y la relación con el victimario. El trabajo se inició tras otra investigación –también abordada en esta sección (11/01/04)– en torno a historias de vida de prostitutas callejeras, su abuso sexual durante la infancia en muchos casos y la relación entre ambas situaciones

—¿Se puede establecer un patrón cuantitativo entre los casos de abusos de menores y el posterior ejercicio de la prostitución, en función de las dos investigaciones realizadas?

—Isela Firpo: En la línea de análisis aparecía como un factor importante pero no podemos establecer términos cuantitativos porque la investigación fue cualitativa, al tomar muestras intencionales.

—¿Las historias surgían espontáneamente o fue dificultoso acceder a los testimonios?

—Nora Das Biaggio: En general recuerdo que esa historia pasada estaba tapada y son vínculos que no afloran fácilmente. Igualmente, sondeando a través de la historia de vida de la madre de la niña incestuada es posible detectar historias de abuso, pero no son recuerdos que aparezcan rápidamente, sino que están tapados porque posteriormente hubo otros episodios y a lo mejor actualmente también son víctimas de violencia, lo cual no remite rápidamente a recordarlo. El mecanismo psíquico hace que se tienda a olvidar lo traumatizante.

—I. F.: Hay científicamente comprobado una serie de secuelas físicas y psíquicas muy difíciles de superar en términos de lo que significar haber sido incestuada. Por eso se habla de niños sobrevivientes a la catástrofe del incesto, para que se comprenda con claridad y crudeza lo que significa una experiencia de ese tipo.

—¿Qué abordaje hicieron en cuanto al problema del incesto?

—N. D. B.: Hicimos un recorte de su complejidad en cuanto a que abordamos lo que tiene que ver con la actitud de la madre de la niña o niño incestuado.

—¿Por qué la madre?

—N. D. B.: Los estudios psicoanalíticos y provenientes de las ciencias sociales hacen una caracterización de la madre como cómplice o entregadora, lo cual es correr el foco de atención de que quien provoca el hecho –en la mayoría de los casos– es el padre. Partimos de que es una presunción estigmatizante de la condición femenina y una simplificación de la situación. Esa condición es una naturalización de la condición femenina que remite a una esencialidad en el rol social de las mujeres y no define claramente la responsabilidad de la masculinidad de los hombres. Por hacer una crítica a ese modelo que cristaliza ese modo de ejercicio de la maternidad, debíamos deconstruir esa condición de maternidad que el psicoanálisis pondera en una situación de incesto.

—I. F.: A la mujer se la piensa en términos sociales en tanto madre y se esencializa como que hay una sola forma de ser mujer y madre, cuando en realidad la maternidad –como toda práctica– es una construcción social, cultural y política. Hay que remarcar que quisimos deconstruir esa catalogación de cómplice –a priori–, porque desde ya implica un deber ser que la equiparaba al victimario.

—Lo cual no implica que no existan casos de complicidad materna...

—I. F.: No lo negamos y la investigación demostró que hay casos de complicidad explícita. En nuestro equipo hay un varón y como corresponde a todo proceso investigativo, también tuvimos que revisar nuestras miradas porque en tanto mujeres y madres jugaban nuestras nociones. No nos encontramos con “la maternidad”, entonces pudimos corrernos e identificar características en un universo específico de mujeres que tienen prácticas maternas, paternas, personales, donde está constreñida una construcción social de niñez que nos lleva a pensar en una especie de infanticidio no sólo simbólico sino material.

Abuso de poder

—¿Tiene otra identidad el incesto por sobre el resto de las formas de abuso infantil?

—I. F.: Remarcamos el incesto porque –como dice Eva Giberti– no es lo mismo. Es un abuso pero culturalmente marca una actitud de filiación y protección entre generaciones, que está en cuestión.

—N. D. B.: En el caso del incesto por el padre es un doble arrebato, porque la función paterna conlleva una serie de responsabilidades. El padre, además, deja huérfana a la niña al implantar una sexualidad para la cual no está todavía preparada.

—¿La mayoría de los casos son niñas? ¿Qué otro tipo de relaciones se dan?

—I. F.: Fue lo que detectamos, desde los primeros meses de edad hasta aproximadamente el comienzo de la pubertad. Más allá de que aparece el padre biológico y el padrastro como principal perpetrador, pudimos constatar en los expedientes y entrevistas con las madres, que hay una cosa incestuosa cultural y social, porque se ven esas situaciones efectuadas por hermanos, abuelas, tíos y también madres. Es una situación de desmesura frente a la construcción de la infancia y de abuso de poder concreto.

—El incesto siempre existió. ¿Qué características particulares presenta hoy?

—I. F.: Es cierto, sólo que ahora las víctimas se decidieron a hablar, aunque no se les cree. Recorriendo los expedientes y entrevistando te das cuenta que la situación salta a la vista como la crónica del abuso anunciado, que pareciera no ser visto. Aun en casos explícitos –en la medida en que puede expresarlo cada criatura en la edad que corresponde– tienden a no ser creídos ni oídos. Podría pensarse que la lógica de la Justicia es la de la prueba. Te digo que los cuerpos de muchas criaturas incestuadas –especialmente las niñas– son una prueba fehaciente de lo que significa no sólo el arrasamiento por parte de un adulto, sino también el mapa de cómo se construye la mujer desde la niñez, en términos de cortaduras, moretones, rasgaduras, lastimaduras... Es un conjunto de signos que hablan otro lenguaje y que por naturalización o puesta en duda de los dichos de los niños por parte de los profesionales, no son tenidos en cuenta. ¿Qué pasa con una sociedad y una cultura que les da el derecho a la palabra –por la Convención de los Derechos del Niño– y por otro lado los avasalla, fagocita y escupe como sobrevivientes? Es una problemática que se ve en cualquier institución: escuelas, hospitales y hogares. ¿Cuáles son las políticas de protección del Estado que resguardan a las criaturas y cuán rigurosas son las aplicaciones de las penas?

Subordinación

—¿Qué formas de comportamiento predominan en las relaciones de la pareja donde se concreta el incesto?

—N. D. B.: Mayoritariamente vimos dos posiciones: aquella de la madre que elige quedarse con el relato de la hija –habiendo una situación de subordinación con relación a su pareja– y defenderla. Son las menos.

—¿Por miedo?

—N. D. B.: Por distintas razones. Está la cuestión económica pero hay razones más profundas, que tienen que ver con la dependencia vital.

—¿Cuál es la otra posición?

—N. D. B.: La de las mujeres que niegan las palabras de sus hijas, no les creen y se quedan con su pareja. Esa niña suele partir del núcleo familiar y quedar institucionalizada por varios años, sospechosa de que fue quien provocó la situación. Con lo cual se consolida la relación de pareja de los padres y la niña es expulsada.

—I. F.: Hay una especie de trastrocamiento generacional en término de las prácticas que se adoptan: los hijos pasan a ser padres de los padres, en muchas ocasiones las hijas parecen madres y las madres parecen hijas. En la situación de arrasamiento se equipara a quien hay que filiar: se equiparan madre e hija, y la ven como rival, más que como una hija a ser protegida. En muchos casos es la hija quien formula la denuncia y la madre la acompaña detrás.

Prejuicios

—¿Qué juicio elaboraron en cuanto a las respuestas del Poder Judicial, teniendo en cuenta que trabajaron con expedientes judiciales?

—I. F.: Lo primero que surge leyendo los expedientes es una cuestión incestuosa a título cultural y social, a nivel parental, que salta a la vista. En muchos de los casos no son creídos; está naturalizada la problemática y pasa a ser inevitable, por la cantidad de casos, porque no se sabe qué hacer o porque operan cuestiones de poder de algunas corporaciones –como pasó con el abogado a quien le dieron la probation. Se deposita la culpa en la víctima y en algunas profesiones los marcos referenciales son preocupantes, ya que se insiste con que es una cuestión de fantasías infantiles y se tienen prejuicios a determinados sectores.

—N. D. B.: Surge la famosa mendacidad de la niña –según los psicólogos– de poner en sospecha si dijo la verdad, cuando se supone que si se llega a una instancia judicial con marcas, cicatrices y habiendo pasado por un quirófano donde se reconstruye su himen, no podemos hablar de mendacidad. Sin embargo, en los expedientes judiciales se intenta de alguna manera presentar atenuantes. También se trata de ocultar, porque genera cierta incomodidad a los profesionales, al tener que ir a declarar. Sé de casos que con evidencia del abuso se niegan a relacionarlo con ello. Concretamente una criatura con huellas en el aparato genital, que fueron atribuidas a una toalla. ¿De qué práctica profesional estamos hablando?

—I. F.: En los expedientes, en muchos casos, descubríamos el abuso o el incesto en el marco de otras problemáticas de las criaturas. Se la citaba a la madre y se hablaba con la criatura, pero la figura paterna parecía como un ventrílocuo hablando detrás de la madre ya que el padre no aparece entrevistado. En las madres juega la ficción de la casa en orden: demostrar determinada cuestión hacia fuera, en detrimento del para adentro. Y en algunas situaciones jugaban esas concepciones idílicas que no son vividas muchas veces por los profesionales y parecen querer ser prescriptas para quienes son atendidos en la Justicia.

Denominadores comunes

—¿Qué indicadores aparecieron en el caso del padre que violó a sus tres hijas?

—N. D. B.: Hay como una disputa por parte de la madre acerca del lugar en que ese hombre pone a sus hijas; al punto que muchas veces las madres se ven como desplazadas por sus propias hijas y las consideran como rivales. Y el hombre planteaba la situación como que perdía a sus compañeras y partenaire sexuales. Hay un nivel de trastrocamiento muy elevado.

—¿Qué elementos comunes aparecen en todos los casos?

—N. D. B.: La situación mediante la cual los hombres se creen sin límites o ininputables frente a la sexualidad. Es inherente a la condición de masculinidad el atropello, el ejercicio violento y la desmesura, y esto está culturalmente aprobado. Y se cuela en todas las clases sociales. Los hombres llegan a esa situación aun a sabiendas de que es un delito, en algún sentido con cierto recaudo de que no serán sancionados.

—I. F.: Se dice que el patriarcado está en retroceso pero no es así. Éstas son formas cruentas y claras de prácticas que tienen que ver con el abuso de poder. Empecemos a creer y atender no sólo a las palabras de las criaturas sino los signos del avasallamiento en sus cuerpos, porque estamos comprometiendo a futuro el presente de ellas.

—¿Las secuelas psicológicas sobre las víctimas son similares en contextos donde se generaliza el incesto debido a la promiscuidad de las relaciones?

—I. F.: Para quien sufre una situación de abuso sexual, no es “superado” jamás. El impacto subjetivo es de tal envergadura que no casualmente se habla de sobrevivientes a la catástrofe del incesto. Esto nos hace pensar a todos los profesionales que también es una catástrofe de las categorías con las cuales estamos acostumbrados a pensar las situaciones en lo social. Hay que revisarlas permanentemente porque comprometen a la niñez. El 80% de los chicos que se van de la casa es porque sufrieron algún abuso sexual y aun así no son creídos. Esto ocurre todos los días y es alarmante.

—¿Qué elementos les llamaron la atención independientemente de los objetivos que tenía la investigación?

—I. F.: También caracterizamos las condiciones de vida de la población infantil y las relaciones entre generaciones. En cuanto a éstas hay una desmesura y entrecruzamiento de límites, responsabilidades y reconocimientos –y no lo digo desde la falsa moral– sino como personas adultas. Hay un desdibujamiento: pasamos a ser pares de los hijos, la hija es vivida como rival y como amante de quien incestúa.

—¿Qué objetivo tienen con la próxima investigación?

—N. D. B.: Es sobre las prácticas profesionales en situaciones de incesto y conocerlas en profundidad: si están en coherencia con este planteo de complejidad del fenómeno o se sigue actuando desde estereotipos que menoscaban la situación por la que atraviesa el niño.

—¿Creen que el vicio de estas prácticas tiene que ver con la concepción psicoanalítica del incesto?

—I. F.: La sensación que se tiene es que los chicos deben ser sacrificados en aras de ciertas ficciones a título social, como lo son “la familia en orden” y la paternidad que se ejerce. Estos dispositivos institucionales –siguiendo a Foucault– operan en pos de mantener esas figuras y se vuelve como un boomerang hacia los sectores más vulnerables económicamente, porque se los sigue viendo como un campo de promiscuidad y de todos los males. Sucede que allí se desnudan más cruentamente, pero el abuso sexual no sólo ocurre en ese sector.

Contexto

Das Biaggio ofreció una opinión más abarcativa en torno a los niños como objeto de consumo en diferentes formas.

“El capitalismo ofrece desmesuradamente a los niños como objeto de consumo sexual, por distintos sectores sociales. Esto está entre bambalinas y no se explicita claramente. Y no sólo tiene que ver con la sexualidad masculina sino con los medios de comunicación y la propaganda. Es avasallante el nivel de las imágenes que se utilizan de la niñez para distintos fines de consumo”.

Un testimonio del horror

—“Me ponía a pensar yo, cómo era él en la casa. Porque después de todo, él demostraba una cosa y hacía otra.

—Entrevistadora: Como que no podías creer...

—Claro, algo así. Se mostraba un padre ejemplar y al final, digamos que era una porquería. …Él le compraba todo para los estudios, después les compró una computadora para que aprendan, todo. A la más grande la mandó a la UCA y le pagaba él la facultad, que es cara.

—Yo no sabía nada de lo que pasaba. Él es muy cariñoso, digamos; siempre las ponía a upa... Estaba contenta que él fuera así, pero por ahí se le fue la mano digamos, no sentía desconfianza, no me daba cuenta a lo mejor. Siempre él iba, las abrazaba, las besaba y me decía: ‘No vas a creer que yo me voy a quedar con mis hijas, no soy degenerado’.

—Dicen que él siempre llevaba un arma. Dicen que siempre dejaba el arma así. No les decía sacate la ropa o... pero sí agarraba el bolsito y lo dejaba así como para que ellas lo vean. No era de apuntarles pero les dejaba el arma así. Por eso cuando ellas hacen la denuncia, dicen lo de las armas, también porque tenían miedo de que nos maten a nosotros, que haga cualquier desastre con las armas, porque duraron cuatro días en llevarlo después, no lo llevaban y no lo llevaban (lo dice con pesar) después de la denuncia. Por eso fue mi hermana a los Tribunales y les dijo: ‘¿Qué están esperando? ¿Que mate a alguien?’.”

(Relato de la madre de tres hijas incestuadas por su padre) (UNO)




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